CARTOGRAFÍA LINGÜÍSTICA DE EXTREMADURA |
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Informantes |
INFORMANTES La selección de los
informantes como la de la red de puntos ha estado determinada por el tipo de
cuestionario utilizado. Como se trataba de una encuesta en la que se han buscado casi
exclusivamente términos de agricultura y ganadería tradicionales, se ha hecho necesaria
la colaboración de personas que conocieran a la perfección dichos campos. No eran
útiles, por ese motivo, personas excesivamente jóvenes, pero tampoco las mayores que no
hubieran trabajado en esos sectores. En líneas generales, los informantes pueden ser
catalogados, utilizando la terminología de Chambers y Trudgill[1],
como NORM´S (nonmobile, older, rural males), que, por otra parte, suelen ser los
habituales en trabajos de este tipo. He seguido el criterio del
informante único, aunque siempre que me ha sido posible o cuando las circunstancias
lo requerían se han utilizado informantes secundarios. La mujer nunca ha sido
seleccionada como informante principal. Aun así, cuando en el ámbito de la encuesta se
encontraba una mujer, aprovechaba la ocasión para recoger sus testimonios, sobre todo
para observar la fonética. Las características que he
buscado en los informantes han sido las siguientes: 1. Nativos de la localidad. 2. Con edades comprendidas
entre los 60 y los 80 años. 3. Analfabetos o con escasa
instrucción. 4. Agricultores o de profesión
relacionada con el campo. 5. Con ascendentes y cónyuge
nativos de la localidad. 6. Personas poco viajeras y sin
residencias prolongadas fuera del término municipal. 7. Con dentadura completa. 8. Personas con buen carácter,
de inteligencia natural, sin problemas graves de salud, simpáticas y comprensivas. El sistema puesto en práctica
para acceder a los informantes ha tenido pocas variaciones: tras llegar a la localidad, me
entrevistaba con algún representante local (alcalde, secretario del ayuntamiento o
empleado municipal), al que explicaba el objeto de mi visita y pedía colaboración para
que me ofreciera una persona con las características antes señaladas y un lugar en el
que poder realizar la encuesta[2]. Si la persona recomendada no era la más
indicada para conseguir los objetivos, optaba por alguna de las siguientes soluciones: a) Si el informante incumplía
gravemente alguno de los requisitos, se le hacía una parte de la encuesta para ganar su
confianza y pedirle luego que me presentara a otro vecino. b) Si el informante se negaba a
prestar su colaboración, volvía a recabar la ayuda de los responsables municipales. En cualquier caso, lo que no es
recomendable a no ser que sea absolutamente necesario es acceder directamente
a los informantes, ya que entonces el grado de desconfianza, e incluso de rechazo, es
manifiesto. Los principales problemas con
los que he tropezado en la selección del informante han sido los que señalo a
continuación: 1. Informantes influidos por
normas lingüísticas ajenas a la variedad local[3]. 2. Informantes que
aparentemente no muestran influencias externas, pero que han residido fuera del municipio
o han viajado con asiduidad[4]. 3. Informantes con un nivel
cultural apreciable o, a pesar de carecer de estudios oficiales, valorados positivamente
por la comunidad. Son los denominados cronistas del municipio, «sabios locales» que
conocen la historia del pueblo y las costumbres; en algún caso incluso se han preocupado
de elaborar listas de palabras en el habla popular. Quizá estos sean los más peligrosos
para los intereses de los dialectólogos, ya que pueden pasar desapercibidos si camuflan
su forma de hablar para dar una sensación rústica[5]. De cualquier forma, los
ayuntamientos suelen ofrecer buenos informantes, si antes se les advierte de los
requisitos que deben reunir. [1]
J.K. Chambers y P. Trudgill, La Dialectología,
Madrid, Visor Libros, 1994, págs. 56-59. [2]
Los únicos municipios en los que se probaron otros sistemas fueron Escurial (informante
proporcionado por el párroco), Madroñera (informante conocido de antemano al ser mi
localidad natal), Aliseda y Campanario (informantes seleccionados en el lugar habitual de
reunión de los jubilados). [3]
En el Ayuntamiento de Malcocinado (Ba 601) se me recomendó a un sujeto que en el
desarrollo de la encuesta mostraba una fonética peculiar (presentaba una -l final
de tipo velar). Cuando empezaron a aparecer durante el interrogatorio términos agrícolas
catalanes aproveché para preguntarle por su vinculación con aquellas tierras, y el
resultado fue que pasaba largas temporadas en Barcelona desde hacía muchos años con uno
de sus hijos. Por respeto a este sujeto se le hizo completa la primera parte de la
encuesta (agricultura), pero los materiales allegados son completamente inservibles y hubo
que repetirla con otro informante. [4]
En Berzocana (Cc 601), mi primer informante había residido varios años en Madrid, por lo
que, aunque conservaba los rasgos autóctonos, preferimos repetir la encuesta con otro
sujeto, de mayor edad que el anterior, pero cumplidor de todas las características
señaladas. [5]
En Casatejada (Cc 400), las autoridades no comprendieron mis intereses y me ofrecieron un
informante con un nivel cultural superior (era perito agrónomo); tras mantener una corta,
pero provechosa conversación con él, conseguí que me relacionara con uno de sus peones,
el cual resultó ser un informante excepcional. Algo parecido ocurrió en Ahigal (Cc 102),
donde los responsables municipales me recomendaron a una persona muy interesada en la
cultura popular, con conocimientos teóricos sobre agricultura tradicional, folclore e
incluso dialectología. Esta persona fue el hilo conductor que me puso en contacto con dos
informantes ejemplares. |
© José Antonio González Salgado, 2005-2008 |